miércoles, 18 de mayo de 2011

Un puntito y muchas dudas

18 de mayo de 2011 - Le Privé 1-1 Colgados del Traverso

Por Michael Erusalimsky

Finalmente, después de tantas especulaciones, llegó el día en que Le Privé salió a la cancha. Atrás quedaron las amenazas de Micchielli de dejar el equipo sin su máxima figura, las fechas postergadas por las potenciales salidas al Dixon por parte de Iancilevich y Erusalimsky, los faltazos a los entrenamientos de Petkevicius y los rumores de división de vestuario entre Valle y Cristófalo, quien no le habría perdonado a su compañero de zaga central el haber faltado a su cumpleaños con una excusa cuanto menos llamativa (ver aparte Faltazo sin aviso).

El equipo hizo la entrada en calor en la cancha auxiliar, lo cual ya es un clásico en los equipos entrenados por Gabriel Micchielli. La gente todavía dejaba ver muchos blancos en las tribunas, y el team salió a la cancha, con 10 minutos de anticipación, comandado por su capitán fuera de la cancha, Micchielli, el hijo del entrenador. Algunos movimientos en campo de juego, practicar algunos córners que sólo demostraron que entrenar no es lo mismo que jugar por los puntos (¿Por qué todos terminaban en gol y cuando las papas quemaban en el partido Di Gioia fue a ejecutar de zurda?) y a esperar el ingreso del árbitro y de Colgados del Traverso.

Erusalimsky y 'el médico' se saludaron, el sorteo a favor de los de blanco y por suerte Iancilevich no tuvo que sufrir la primera gran presión del cotejo: Decidir para qué lado arrancar pateando.
En marcha el juego, y los primeros minutos sirvieron para que los equipos consigan acomodarse en la cancha. En los primeros 2 o 3 minutos parecía querer insinuar más el equipo rojinegro, pero fue una ilusión. Rápidamente los blancos, en base al pelotazo y los toques de primera de su número 10, quien pivoteaba todas, se fueron adueñando del partido. Le Privé se veía desorientado, mostrando absolutamente todo lo que hizo en la pretemporada: nada. La falta de trabajo e ideas era notoria. Micchielli nunca iba a poder hacerse eje del equipo, Di Gioia iba a ver pasar la pelota por todos lados y nunca iba a ser descarga, y Cañonero iba a estar más solo que el chino Benítez cuando se fue de Boca. Así dadas las cosas, el mejor amigo de Le Privé iba a ser el reloj; cada segundo que pasaba se estaba más cerca de la hazaña del empate.

Algunos tiros de afuera claramente llegaban a inquietar a Iancilevich, pero por suerte faltaba puntería y lucidez en los metros finales para Colgados del Traverso. Entretanto Fabbri discutía con cuanto compañero le dirigiera la palabra (ver Cruces), el capitán Erusalimsky no aportaba nada ni en la marca ni en la salida, y Codón demostraba que si los ídem vienen mal alineados, a veces con la entrega no alcanza. Apenas algún lateral de Petkevicius, que hizo recordar a los de Adalberto Román, lograba dar respiro a Le Privé y adelantar al equipo 20 o 30 metros en la cancha.

Así pasaron los primeros 15 minutos del juego, hasta que de un lateral llegó la primer emoción del partido: Las parejitas en el área, los gritos para que Di Gioia agarrara al 5 rival, la siesta del peor jugador de la cancha, y el gol de los blancos. El 5 recibió solo en la puerta del área, y ante la salida de Iancilevich tocó suave, para dejar al Negro con las ganas de tocar por primera vez en el torneo una pelota con las manos.
A partir de ese momento, y hasta el final del primer tiempo, sólo hubo un equipo en la cancha. Colgados del Traverso creció en confianza, empezó a hacer circular la pelota, y de no ser por un cruce con lo último de Cristófalo (hasta ahí el único que se salvaba en Le Privé), los blancos hubieran aumentado el marcador. Final del primer tiempo y la sensación de que el segundo estaba completamente de más.

En el entretiempo no debe haber pasado nada, porque Le Privé salió a la cancha con la misma cabeza gacha con la que se había retirado al término de la primera mitad. Se dice que hubo discusiones fuertes, que sorprendieron a la nueva incorporación del equipo, Pablo Codón, quien no estaba acostumbrado a las constantes derrotas de Le Privé.

Sorprendentemente, la historia cambiaría en la segunda mitad. Más por cansancio de Colgados del Traverso, o por aferrarse al austero 1-0, Le Privé empezó a tomar la pelota y a generar algunas infracciones que irían metiendo en el área al rival. El cambio posicional entre Micchielli y Di Gioia resultó clave, ya que Di Gioia no aportaba nada ni en el medio ni en ningún lado, con lo cual Micchielli padre se dio cuenta que era mejor tirarlo más adelante, donde no estorbase. Así las cosas, el hijo del DT tenía una difícil misión, que nunca iba a poder cumplir: agarrar la pelota, eludir a algún rival y patear desde donde fuera.
Cuando parecía que lo único interesante en Juana de Manso era la presencia de Dzugala, tan linda como siempre, llegó el completamente impensado empate de Le Privé. Corrían 6' del aburridísimo segundo tiempo, asistencia de Iancilevich para el 10 (débil saque de arco, como todos), infracción inventada del supuesto mejor del equipo, y tiro libre desde atrás de mitad de cancha. Usted se preguntará qué hace esa jugada intrascendente en esta nota? Resulta que el Gran Micchielli no tuvo mejor idea que hacerle honor a su apodo de la niñez, le sacó alas a la pelota, la cual viajó más de media cancha en forma débil hacia el ángulo superior de un arquero que padecería enanismo, y gol de Le Privé.
Ni los propios jugadores del rojinegro esperaban el gol. Tal es así, que casi se atragantaron y ni lo gritaron. El silencio permitió escuchar los gritos llamativos del número 10: "Dónde está Michael? Y...? quién es el mejor jugador del torneo, eh? Acá está el mejor". Abrazo entre Micchielli y el capitán, y las cosas como al comienzo.

El resto del partido fue un verdadero bodrio. Se lo vio algo más cerca a Le Privé, más por la motivación que despertó el inesperado gol, que por algún mérito en el juego, que claramente no mostró.
Sólo quedó tiempo para una lamentable patada de atrás del 7 de Colgados del Traverso a Micchielli, el ingreso patético de Erusalimsky a la cancha a intentar llevarse a uno, amarilla para el blanco y nada más. Se ve que los árbitros ya tienen estudiado al 10, quien como siempre, no ahorró en lágrimas al recibir la infracción.

Final del partido, y la conclusión que se esperaba: Un equipo que no tiene ideas, que le cuesta mucho, que no está para pelear arriba, y que tendrá que replantearse muchas cosas si pretende llegar a más de lo que merece. Así y todo se debe rescatar el punto: en un partido chato que no mereció ganadores, siempre es bueno no perder para corregir errores con más tranquilidad.

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