Por Michael Erusalimsky
Antes de comenzar el partido, a Fabbri ya se lo notaba molesto. Caminaba de un lado para el otro en la entrada en calor, y no se lo veía con el entusiasmo habitual que lo catacteriza. Algunos dicen que se habría visto a su novia en un conocido boliche de Palermo a altas horas de la noche, lo cual no habría caído nada bien al carrilero más importante del equipo.
Ni bien comenzado el encuentro, su compañero de concentración Erusalimsky se acercó a decirle que se encargue de los laterales por su sector, y se vio una breve discusión entre ellos con insultos para todos lados. Algunos minutos después, los cruces se dieron con el 10. Finalmente, tras el partido, Iancilevich comentó una discusión que había pasado desapercibida por los medios: Fabbri le habría pedido (el milagro) de que sacara fuerte de abajo, y que no se la pasara.
Si la actitud va a ser siempre esa, Le Privé tiene mal pronóstico.
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