Por Michael Erusalimsky
El hecho de que Le Privé esté nuevamente en las canchas ya no es noticia. Hace tiempo que los rumores de refundación de este equipo hacen eco en los medios más importantes del país. Luego de muchos años, inocentes transeúntes que se encuentren paseando por Puerto Madero, tendrán la posibilidad de tomar la (cuanto menos equivocada) decisión de detenerse a ver el fútbol desplegado por el rojinegro, y tirar así 10, 20, 30 o hasta 40 minutos de su vida directamente al tacho de basura.
He aquí una breve reseña de las peripecias y los fracasos a los cuales se acostumbró este equipo desde el comienzo de su era moderna.
Allí por el año 2000, quizás en invierno, quizás en primavera, nadie lo sabe a ciencia cierta, se convocó a la conocida "Preolimpíada de fútbol". Eran épocas de vacas flacas, el imperio menemista empezaba a derrumbarse, y no quedaba otra que intentar ganarse el pan jugando al fútbol. Es así como varios pibes de 13 y 14 años se juntan para ver cuál será su suerte en el hermoso mundo de la caprichosa. Ese es el inicio, varios de los integrantes del actual equipo se conocen, y descubren una dolorosa realidad: La suerte, en términos futbolísticos, no iba a estar del lado de aquella división que marcaría un antes y un después en la vida del CNBA. Se recuerdan frases de Erusalimsky del estilo de "cómo puede ser? 20 pibes y ni uno bueno", de Micchielli del estilo de "puta madre, cómo voy a ganar con estos muertos al lado", y de Lanfranchi: "te pusiste la mostaza?". La potencia del número 10 Micchielli, algunas cositas de Cañonero aprendidas en las infantiles de Racing, y la ilusión de que Fabbri tuviera algo de los genes de su padre, iban a ser muy poco. Aquel equipo, por entonces conocido como la octava, apenas iba a conseguir un par de empates en ese torneo y se iba a dar cuenta de que el futuro era más oscuro que su arquero. En estas raíces, se encontraría la razón de la falta de profesionalismo que los caracterizaría durante toda su primera etapa deportiva.
El año 2001 iba a ser el comienzo serio de la actividad de 'la octava' en torneos. El equipo había perdido a su número 3, Lucas Verra, lo cual le abriría una posibilidad a Erusalimsky que no desperdició, más por falta de candidatos a ocupar ese sector que por méritos propios. Cristófalo asomaba como un stopper por derecha, (por ponerlo en algún lado), Valle era un líbero endeble e inseguro. En el arco el oscuro Iancilevich (quizás pesando unos 49 kg por ese entonces), el medio con Duyos y Lanfranchi, Michielli como enlace y Cañonero y Fabbri como delanteros. Un 3-3-2 que, si se lo mira a la distancia, parece un lujo inalcanzable. El equipo titular se completaba con Pérez García Pinto (es un solo jugador), que a veces iría al arco, cuando el arquero titular se aburría de ir a buscarla adentro y pedía por favor jugar un rato de 4, y Diego Banfi que a veces se acercaba al campo si el día estaba lindo. Algunos dicen que Friedenthal también se dio el gusto de entrar y patear una pelota en aquella época.
Entre los amistosos previos al campeonato, se recuerda un doloroso 1-5 contra la Décima, con algunos goles de Lama (quien declararía insólitamente que Duyos era el mejor de la octava). Este partido sería importante para que luego Di Gioia pueda ser recibido con los brazos abiertos por la octava. En aquel entonces era flaco, rápido, ágil.
Del campeonato lo más destacable para recordar es la tensión entre Micchielli y Fabbri, y las infinitas situaciones de gol que solía tener este último, generalmente terminadas en el árbol que está a la derecha del arco de la cancha 2. Concretando apenas el 20 o 30%, a Fabbri le alcanzaría para ser el goleador del equipo. El primer partido es un recordado 5-1 contra la 7ma, la mayor goleada del rojinegro, aunque de ese partido sólo se tiene memoria de un gol de tiro libre de Flexer, ángulo cerrado. Paupérrima respuesta de Iancilevich, quien probablemente se habría excusado diciendo que fue de Micchielli en contra, como haría de aquí en más siempre que le hicieran un gol estúpido. El siguiente partido es muy recordado por quien escribe, por la ilusión y el baño de realidad al mismo tiempo. La octava se enfrentaba a la segunda, por lejos candidato a ganar todo. Aquel primer tiempo de Micchielli fue posiblemente lo mejor que mostró el 10 en su carrera deportiva. Pidió todas, aguantó, habló, peleó. La octava se fue a las duchas 1-0 en el entretiempo. Pero claro, el 10 no iba a poder aguantar el nivel (nunca en su carrera pudo aguantar 40 minutos al mismo ritmo), y el resultado final fue un 1-3 con tres golazos de Cuba. El último partido de la primera ronda habría sido contra "la noche", y posiblemente fue triunfo por un par de goles (con 2 o 3 de Micchielli), para clasificar a la fase final. La octava llegaría ilusionada al primer cotejo contra la sexta, creyéndose tontamente que podía aspirar a algo. Tras un planteo defensivo en el juego -aunque no en los papeles- (como todos los que juega desde sus comienzos), donde nunca fue dominador ni pudo tener la pelota, perdería 2-0 con la sexta "y torneo terminado", pensaros todos, dado que el siguiente rival era la 2da. Sin embargo nacería una historia de padre e hijo que se repetiría hasta el final de la primera etapa de este equipo: Derrotas contra cualquiera y triunfos contra la Segunda. En un partido plagado de emociones, la Octava se impuso por 4-3, con un recordado gol de Fabbri, tras una jugada magnífica de Duyos. Mariano tomó la pelota atrás de mitad de cancha y empezó a trotar hacia adelante: en definitiva es lo que hace siempre, si otra cosa no sabe. Nadie entiende cómo, seguía avanzando y nadie le quitaba la pelota. Cuando ya estaba cerca del área, Fabbri (con buen olfato) se la sacó y pateó fuerte al ángulo. Sería una tripleta de Fabbri para ese recordado triunfo. En fin, esto haría que la octava llegase a la fecha final con chances. Y para qué! No iban ni 5 minutos de partido, que la cuarta ya derrotaba a este endeble equipo por 2 o 3 a 0. Cada balón que caía al área era un suplicio para los defensores que ni por aquel entonces ni en la actualidad pueden cabecear una pelota. A Iancilevich nada se le iba a exigir, sabido es que al olmo peras no se le solicitan. He aquí el hecho por todos recordado: alguien debía pagar los platos rotos, el "Isi andáte" del capitán de la octava, y el rubio zaguero caminando por detrás de la cancha hacia su casa, con la mochila al hombro cual chavo del 8. Alguien entró en su lugar (quizás Ariel), la historia no cambió, y el partido fue 0-5. El último recuerdo de quien escribe de aquel doloroso último partido, es una pelota que quedó picando en ataque y Lanfranchi, como si fuera un defensor, revoleó hasta los techos de los vestuarios. Esto le iba a costar quedar marginado del equipo, debiendo seguir su carrera en las inferiores de un desconocido equipo de la 5ta división regional de La Coruña. Fue una pérdida que no se hizo notar, ya que el 5 nunca pudo dar lo que se esperaba de él. Para variar, siempre se cagaba (o amenazaba vía flato con hacerlo).
Para el año 2002, la Octava decidió hacerse con el pase de Di Gioia. Se dice que se peleó con absolutamente todos sus compañeros de su ex equipo y que lo mandaron a mudar. La verdad que el equipo ese año fue una murga. No queda muy claro quién jugaba de qué. Después del triste final del 2001, que llevó a protestas y una debacle del gobierno de turno, el equipo se dedicó a la noche, no tanto porque le gustara, si no porque para lo otro no servía. Es así que no hay grandes recuerdos emotivos de aquel campeonato. Hubo un empate 1-1 contra la quinta, se le ganó a la primera 1-0, en un partido que fue suspendido por lluvia, con gol de cabeza de Micchielli (La asistencia? Erusalimsky, claro, quien para entonces ya había conseguido su mayor y único logro en el equipo: patear las córners), y el más recordado, es el partido contra la Sexta. La relación entre los jugadores debía estar tensa, ya que un tiempo atajó Cañonero y otro tiempo atajó el 10, peleado con absolutamente todos los integrantes del equipo, quienes le reprochaban su soberbia desmedida. Finalmente todos bajaron los brazos y se acostumbraron a vivir con ella, porque era esto o directamente dejar de presentarse a los torneos. El resultado fue un milagroso 2-2 (puede ser que un ratito haya atajado Edwin también), con un gol de lateral de atrás de mitad de cancha de Erusalimsky, cobrado incorrectamente por el árbitro por pensar que Cañonero la había tocado. Cañonero hacía "que no" con el dedo, honestidad brutal, rogándole al árbitro que anulara el gol para que Erusalimsky no pudiera hacer un gol jamás por los puntos, pero el referee hizo caso omiso a las súplicas del 9 y se apiadó del diestro lateral izquierdo del rojinegro. Terminado el partido, Erusalimsky se habría peleado fuertemente con Cañonero, quien replicó que lo que le decía al árbitro era "nooo, no lo anules, noo, no lo anules". La octava una vez más perdió el tiempo clasificando a las instancias finales (no se entiende cómo porque realmente el equipo no tenía aspiraciones), para perder en cuartos de final 1-3 contra la cuarta, en un partido en el que posiblemente los naranjas hicieron un gol de tiro libre. Lo único positivo de este año era que Fabbri ya no jugaba de delantero, y como le pasa a los expertos, año a año fue retrasándose más en la cancha. Es por esto que probablemente siga retrasándose hasta salir de la misma y ver los partidos desde la banca, si es que sigue la tendencia, claro. Quizás jugase Banfi en el equipo para ese entonces, no está claro. Pero seguramente Valle no jugaba, ya que después de su cruce con el capitán estuvo mucho tiempo al margen por decisión propia (quién se la puede discutir?)
El año 2003 era EL año, nadie sabe bien por qué. Quizás los jugadores se querían más (o se detestaban menos), quizás la ausencia de un pobre y mediático Duyos (que seguía viviendo del gol de Fabbri a la segunda como Rojas del gol a Boca) fue positiva. Otro dato importante fue la incorporación de Petkevicius. La verdad que ver la defensa de la octava (Cristófalo, Erusalimsky, Valle) daba ganas de llorar. Las dudas de los delanteros cada vez que enfrentaban a los defensores del rojinegro pasaban por cómo los iban a eludir esta vez. Posibilidades sobraban: Caño, velocidad, enganche, pared, cuadrado y X, etc. Ninguna fallaba. Pero la incorporación de Petkevicius daba otro semblante. Grande, con cara de malo, y lo más importante: Barba (creo). Los amistosos previos al campeonato se empezaron a suceder y la octava llegaría invicta al comienzo del torneo, con algunos empates y muchos triunfos. Se rumorea que una vez hasta el Negro le atajó un penal a ídem. El equipo llegaba a jugar bien por momentos, con cambios de frente, toques de primera, y dinámica, algo que en el día de hoy parece misión imposible. Al sucederse el sorteo, no iba a ser una misión fácil para la octava: Le tocaba el grupo de la muerte, con la primera, la unión 7mo 9na y la segunda. El inicio del torneo fue contra la 7mo 9na, había que ganar o ganar, y el equipo no defraudó. Posiblemente fue algo así como un 3,4, o 5 a 0. Quizás haya sido en este partido que Di Gioia hizo un gol de córner olímpico, que a la larga traería más problemas que satisfacciones al equipo, ya que transformaría a Matías en un supuesto jugador ambidiestro (aunque nadie sabe qué tiene que ver, habría dicho que si puede hacer goles olímpicos también puede ser ambidiestro). El siguiente partido fue contra la primera, el resultado es incierto, se cree que se perdió o cuanto mucho se empató, dada la situación en la cual llegaron los equipos a la última fecha. Así se llegó al partido contra la 2da. La verdad es que el equipo llegó al estadio con la cabeza gacha; probablemente hacía frío, Micchielli tendría la campera violeta cerrada hasta el mentón y algún sombrero de lana, con la cabeza metida hacia adentro como una avestruz, para que nada de viento le entrase por debajo de la barbilla. Las manos? En los bolsillos, seguro. Nada esperaba ya el equipo en este campeonato luego de la derrota contra la primera (más bien creo que fue empate). Sin embargo, las ilusiones se renovaron en el punto clave: el cruce del puente, donde la temperatura cambia, porque se cree que ahí los integrantes de la octava se enteraron de que con anterioridad la asquerosa 7mo9na le habría robado un empate a la primera. Es así que el rojinegro salió a la cancha con ciertas ilusiones, y antes de que terminase el primer tiempo ya le ganaba (milagrosamente) 2-0 a la 2da. Al comienzo del segundo tiempo el partido se estiró a 3-0, la verdad que no se sabe quiénes ni cómo se hicieron los goles. Erusalimsky se iría expulsado por doble amonestación (sendas faltas a Badaracco), y ya con la ausencia del número 4, el partido se complicó y terminó con un 3-2 sufrido. Un golazo de Cuba (supuestamente esguinzado), quien tras eludir a todo el equipo (una o dos veces a cada uno) definió ante la pobre salida de Iancilevich (este gol pudo haber sido en 2do año y no en cuarto) quedaría grabado en el recuerdo de todos los integrantes de aquel plantel. La octava se reposicionaba en la tabla, y enfrentaría a la 7mo 9na una semana más tarde, que alguna incorporación tendría (posiblemente Otaño si la memoria no falla) porque ya no era un equipo tan débil. El partido se sufrió (incluso se iba perdiendo), pero se ganó, quizás 4-3. Recuerdos del match? El vergonzoso festejo de Micchielli con la camiseta como una capa a lo superman (otros recuerdan su torso más que la capa), y los nervios de Erusalimsky: Cuando iba perdiendo la octava, ante un tiro libro para el rival que tardaban en ejecutar, salió corriendo y se llevó la pelota como el jugador de Zaire en el '82. Luego, cuando la octava iba ganando, ya amonestado (como siempre ese año) se sentó delante de la pelota a atarse los cordones impidiendo que el rival ejecutase un indirecto. Lamentable.
La octava priorizaría cada vez más la noche, ya que no quería nuevas desilusiones. Es por eso que decidió llegar al encuentro clave contra la primera sin esperanzas, y sin dormir. El resultado fue calamitoso, en 15' el marcador estaba 0-3. De donde le patearan a Iancilevich, era gol (quizás esto no aporte nada nuevo). El primer tiempo sólo dejó lugar a un precioso caño de Argento a Micchielli. El jugador de la primera lo eludió, pero en vez de avanzar decidió humillarlo: Pisó la pelota, volvió para atrás, dejó al 10 de la octava recomponerse y tremendo caño que se llevó los aplausos y el goce de todos (incluidos los propios jugadores de la octava). Al fin el soberbio número 10 tenía su merecido. Con el orgullo herido, el borracho jugador de la octava sacaría fuerzas para acercar el marcador a 3-2, pero no bastaría. Así se llegaba a la última fecha: Dos puntos arriba de la primera en la lucha por el segundo lugar, pero con el rival más difícil por delante. Las ilusiones estaban en que la 7ma9na le volviera a arrancar un empate a la primera y después, en un planteo ultradefensivo (de los favoritos de la octava), conseguir (o arreglar) un empate contra la 2da (hubo rumores que decían que, de servirle a ambos, se arreglaría el empate ya que los de la segunda sabían que la octava era más debil que la primera, y tenían mejor relación con estos). Sin embargo el equipo no levantaba cabeza, y una vez más decidió priorizar la noche y el alcohol, por sobre los torneos de fútbol que siempre lo terminaban decepcionando. El cruce por el puente antes nombrado fue una paliza: El arquero de la primera (o algún otro), contaba con una sonrisa de oreja a oreja, como su equipo había derrotado 9-0 a la 7mo9na. Se habría comentado, en el trayecto final a las canchas, "por lo menos ayer salimos". Una vez más, la octava salía a enfrentar a la 2da en busca del (por enésima vez) milagro. Y ya nacía un mito, pues a los 2 minutos Delgado se metería un gol en contra de su propia meta para adelantar a la octava 1-0 en el marcador. Recordado es un gol de cabeza de Cañonero, quien en el festejo recibió una pila humana y no pudo contener todo lo que había ingerido la noche anterior: fue vómito y nutrientes varios para el lamentable césped de la cancha 1. Desde ahí, hay una esquinita de la cancha 1 que no se recuperó más, ni siquiera bajo las mejores condiciones climáticas. El partido fue dominado de principio a fin por la octava, posiblemente fue el mejor partido de su corta historia por la calidad del rival: un contundente 3-0 que casi fue baile. Y la primera, a llorar a la iglesia. Sin embargo, hay un hecho de ese partido, una picardía, que fue determinante. La discusión entre Petkevicius (probablemente en verdad no tenía barba si no cabellera muy larga) y Panelo, los insultos del jugador de la segunda, y Petkevicius que, sin vueltas, le puso un memorable moco directo al ojo: el fluido verde de Petke colgando del ojo derecho del Laucha, y roja para uno de los jugadores más importantes de la octava, que se perdería el trascendente partido contra la sexta por semifinales. El final de la historia futbolísitca de este año en las semifinales es por todos conocido y no vale la pena recordarlo con demasiado detalle. El gol de Huerta, el tiro libre de Micchielli, el mano a mano que erró Cañonero promediando el segundo tiempo cuando la octava sufría como nunca (habilitación del 10 quien luego se arrodilló y juntó las manos en forma de rezo mientras seguía atentamente la jugada), la gambeta de Carzoglio a falta de 6,7 u 8 minutos, el olímpico de Mish, el festejo agarrándose los huevos ("es para vos octava"), y finalmente, el partido le dio a la sexta nombre para todo el resto de su historia: "Inclusión Indebida". Micchielli lloraría, Casal lo consolaría abrazando su cuerpo todo sudado y lleno de pedacitos de pasto, y una vez más, este equipo se quedaba sin nada. La octava no se presentó a la final por unanimidad en la votación, la 2da no aceptó hacer un partido extraoficial para defiinir el título con la sexta, y otra vez Cuba y cía se alzaban con el título. Para el rojinegro, la sensación de que por más que intentara jugar bien, distendido, y los jugadores se mintiesen simulando "buena onda", nunca les alcanzaría ni siquiera para disputar una final.
El desenlace fue cuanto menos triste. El 10 no pudo superar la desilusión. Noche a noche soñaba con el córner olímpico de Mish, dicen que se despertaba llorando en la madrugada. Así es como dejó los estudios, y se dedicó de lleno al alcohol, las drogas y a llevar una vida de canillita que le alcanzare para sustentar una familia.
En 2004, y ya sin su máximo exponente (en tamaño y en funcionalidad), la octava buscó refuerzos, ya que hacía agua por todos lados. Así es como se produjeron acercamientos entre Erusalimsky, Fabbri, Rodríguez y Joskowicz, quienes ya tenían una fluida relación construida en un viaje a Tilcara en 2003. En febrero del 2004, y ya suponiendo que la situación de Micchielli no tenía retorno, se decidió modificar el nombre de la octava por el de "octava-décima", acoplando cuatro refuerzos al equipo: Rodríguez, Tennon, Rebagliatti y Joskowicz. El equipo sumaba en condiciones técnicas, pero claramente el grupo humano estaba dividido. Di Gioia no formaba parte casi de ningún asado y apenas cruzaba el saludo con Rodríguez antes de entrar a la cancha. Iancilevich y Cristófalo empezaban a tener más y más diferencias con el resto del equipo, y Rebagliatti dividía las aguas para todos lados. Aún así, el equipo se había formado con el objetivo del campeonato, pues sabido es que muchos equipos consiguen laureles aunque los jugadores se odien todos con todos (en definitiva, la situación se asemejaba bastante a esto último). Ese equipo que formaría posiblemente con Iancilevich, Cristófalo, Petkevicius, Erusalimsky, Rodríguez, Rebagliatti, Fabbri, Joskowicz y Cañonero, era el candidato de todos y sería eliminado escandalosamente en semifinales. Llegaría goleando en todos los partidos a cuartos de final, donde se enfrentaría con la segunda, última tricampeona del torneo. Una vez más, la octava demostraría tenerla de hija. En la ida sería triunfo por 1-0 con gol de Adán, derechazo cruzado al segundo palo promediando el segundo tiempo, en un partido en que la segunda fue claro dominador. En la revancha, concentración y asado de por medio la noche anterior, la segunda se iba a adelantar rápidamente 1-0 en el marcador. Faltando 10' para el final, JM Escandón iba a poner el 2-0, tras quedar una pelota en el área que Iancilevich nunca fue a buscar (se lo dejó hacer por las internas?). Parecía llegar al fin la historia de la octava, pero quedaría una última vida: Golazo de Adán en el descuento, al rebote de un córner, 2-1 y a penales. Los últimos minutos habría aparecido Micchielli de entre las cenizas para meter miedo al rival y generar desconcierto. Ya en los penales, alguno de la segunda erraría, y Fabbri tendría la posibilidad de sentenciar a la segunda en el 5to penal. La presión se lo comió, pateó débil al medio, y la historia seguiría empatada. Vale destacar que en la octava atajaba los penales Adán, muestra de la confianza que se le tenía al negro arquero, y de la calidad de grupo humano que había. Luego seguirían convirtiendo todos en la serie de uno, Petkevicius rezaría para no tener que patear, y llegó el octavo penal. Moris al travesaño, y Erusalimsky liquidó la historia con sobriedad y templanza. Adiós al mito de la segunda, y la octava esta vez sí, derecho al título (unida con la décima, claro). Sin embargo se encontró con el rival menos pensado: Consigo misma. La historia de fracasos pesaba más y más, la falta de diálogo entre Di Gioia y Joskowicz ya era una situación insostenible, y así las cosas se complicaban demasiado. En las semifinales se enfrentó a la primera. En la ida sería triunfo para la primera, por 3-2. El partido fue peleado, cambiante. Probablemente la noticia era que Adán jugó mal o no jugó, y los goles los marcaron Rodríguez y Cañonero, ambos de cabeza, tras sendos centros de Erusalimsky. Para la revancha, la primera llegaba con bajas importantes como la de Argento. Se cree que es este partido el que Iancilevich no disputó por una fiebrina, algo así como 36.9 o alguna línea pequeña más. La realidad es que se lo comió la presión, y dejó a la octava con Tenon al arco, quien en un tiro de atrás de mitad de cancha se agarró la cabeza pensando que iba a ser gol. Ya en el partido, Di Gioia abrió el marcador con un toque suave de zurda a los 3' del pt, y la sensación de que la octava iba a inclinar la historia a su favor. Sin embargo un choque dislocó el hombro de Di Gioia, quien aprovechó la situación para borrarse completamente del partido y no asumir responsabilidades. El final no tuvo desperdicio: la primera empató, luego se adelantó en el marcador, y finalmente el partido se suspendió cuando "Mambrú" encaró hacia el arco rojinegro y entre Rodríguez y Cristófalo lo bajaron violentamente. Joskowicz corría de atrás y pisó en la espalda al de camiseta símil Juventus: roja para los 3. Erusalimsky corrió desesperado a increpar al pelado árbitro: "Pelado de mierda, que lo expulsás al 10?". El árbitro contuvo sus ganas de golpearlo, Erusalimsky le hizo fosforito en la cabeza e insistio "Pelado... La concha de tu madre!". Expulsión para Erusalimsky y partido suspendido. No quedó mucho más que la indignante imagen de Fabbri corriendo por el campo con bengalas, que hubiera sido mejor meterse en el culo. Impulsada por esa gran victoria, la primera sería campeona del torneo imponiéndose ante la sexta en la final.
En el año 2005, la octava, en reunión general de acreedores, se disolvió. Aquel plantel que había marcado un estilo en el 2003, jugando con un 2-3-1-2 que salía de memoria (Iancilevich; Cristófalo,Petkevicius; Fabbri, Banfi, Erusalimsky, Micchielli, Cañonero y Di Gioia), se separó en dos grupos muy marcados. Halcones por un lado, comandados por Iancilevich, palomas por el otro, de la mano de Erusalimsky. Estos dos mandos se habrían peleado en una discusión muy subida de tono, en la que se echaron culpas, y se dijeron lo que en verdad ya sabían: "Somos todos horribles, juntos no podemos jugar". Es así como Iancilevich, Cristófalo, Petkevicius, Valle y Di Gioia se fueron por un lado (CAOS), y Erusalimsky, Fabbri, Cañonero se fueron por el otro (OSDE), junto a Micchielli, que con todos sus vicios y enfermedades, seguía siendo útil, y no mucho más.
Sin embago, el futuro no fue feliz para ninguno de estos dos subgrupos. El que no arriesga no gana; pero muchas veces, es inevitable: no hay como el primer amor. A finales del 2009, ya se empezaron a rumorear acercamientos entre Erusalimsky y Iancilevich. Micchielli había dejado de ser canillita (el alcohol y las drogas ya serían algo que no iba a dejar jamás), e iba a disponer de tiempo nuevamente para (intentar) correr atrás de la pelota.Sin embargo esto era como la Copa Argentina, mucho ruido, pero nada. Aparentemente la relación entre Iancilevich y Erusalimsky se hizo más y más estrecha, y habrían hecho un viaje juntos a alguna ciudad del Interior del país donde habrían bosquejado la vuelta del equipo a las canchas. Valle también se acercaría y Cristófalo no quedaría atrás. Reaparecería en escena Cañonero, Petkevicius. Di Gioia nunca iba a dejar de estar al pie del cañón. Finalmente, en una reunión entre Iancilevich y Fabbri, se decide poner manos a la obra.
Es así como, tras 7 años, se decide refundar el equipo, bajo la módica suma de $2500,00 (Pesos dos mil quinientos), reapareciendo como Le Privé en la categoría C, (símil lo que pasó con Mandiyú y Huracán de Corrientes).
El plantel final de Le Privé 2011: Iancilevich Andrés, Fabbri Juan, Valle Juan Isidro del, Petkevicius Alejandro, Cristófalo Ariel, Erusalimsky Michael, Codón Pablo, Duyos Mariano, Micchielli Federico, Di Gioia Matías, Cañonero Juan.
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